Daily El País – September 26, 2010

‘Easy riding’ through Navacerrada

Dos hermanos madrileños ofrecen paseos en Harley Davidson y otras motos de gran cilindrada por la sierra de Madrid y las provincias limítrofes

Cuando uno conduce una Harley, tiene que saber llevarla con una sola mano: en más de una ocasión tendrá que usar la otra para saludar. A otros motoristas, a los niños, a los peatones… Más de un siglo después de que dos veinteañeros de Milwaukee, apellidados Harley y Davidson, creasen el prototipo en una caseta de jardín, el sonido del motor en V de la Harley sigue girando cabezas.

Saludar (generalmente juntando el dedo índice y corazón) es parte del encanto de cabalgar una Harley. No es el único. Además de molonas, las grandes motos americanas son cómodas, seguras, tranquilas… el dolor es el precio. De 30.000 a unos 10.000 euros el modelo más deportivo y pequeño. Algo caro para un capricho de fin de semana. Sabiéndolo, dos hermanos madrileños han montado la primera empresa de la comunidad que alquila por días este tipo de motos. Desde 84 euros uno puede jugar a ser Easy Rider por la Sierra.

Aparcadas en la oficina de España en Moto (www.españaenmoto.com) en la estación de Chamartín hay una quincena de máquinas. “Alquilamos sueños”, reza su lema. Hay Harleys Electra Glide y una Sportster, también modelos japoneses que emulan el regusto yanqui, como la Honda Goldwing o la Kawasaki Vulcan. Del elegante toquevintage de la Triumph Boneville al retrofuturismo de la muy macarra Victory Vision. Por haber hay hasta un Can-Am Spyder una suerte de híbrido entre una roadster y un triciclo (sí, es un poco raro, pero es el único modelo que se puede conducir sin carné de moto, basta con el de coche).

A los hermanos Pradera Wagner, “moteros desde la adolescencia”, se les ocurrió montar la empresa, como no podía ser de otra manera, en Las Vegas. Estaban de viaje de negocios y decidieron tomarse un día de excursión a la presa Hoover (una impresionante infraestructura de los años treinta a unos 50 kilómetros de la ciudad del juego). Alquilaron Harleys y lo pasaron en grande. “¿De esto hay en Madrid?”, comentaron a la vuelta. Resulta que no (y en el resto de España, apenas un par de sitios en Girona y Guipúzcoa alquilan este tipo de motos). Para completar el negocio de “turismo motero”, informan al cliente sobre las carreteras más “divertidas” para ir en moto y ofrecen rutas semi-guiadas (donde se establecen etapas y se reservan hoteles) y rutas guiadas del todo en las que un motero y una furgoneta acompaña al grupo de turistas para asistirles en carretera y transportar equipaje o niños que por su edad no puedan ir en moto. “El perfil del cliente”, explica Diego Pradera Wagner, “es un hombre mayor 40 que en su día fue motero pero lo dejó y se le ha quedado el gusanillo”. Muchas de las veces quienes llaman son las mujeres que “bajaron” a sus parejas de la moto en su momento y que años después les quieren sorprender con un regalo revival.

España no tiene Ruta 66, ni falta que le hace: “Aquí la maravilla es que en 50 kilómetros pasas de un bosque frondoso a un páramo desértico; en un día de carretera te has hecho Arizona y Minessota, California y Wisconsin”, dice Juan Carlos Pradera Wagner. Muchas de las rutas circulares que recomiendan están por los alrededores de Madrid: Segovia, Pedraza, Toledo. Para hacer en un solo día, sin dormir fuera, se puede llegar a Ávila pasando por El Escorial y el puerto de la Cruz Verde y regresar por San Martín de Valdeiglesias. Para moteros algo más avezados recomiendan el paseo “Puertos y más puertos”, 405 kilómetros en seis horas y media, que suben y bajan los puertos de Somosierra, Navafría, Canencia, La Morcuera, Navacerrada, Guadarrama, La Lancha y la Cruz Verde.

“Las motos touring son ideales para viajar”, dicen los hermanos Padrera, “puedes llevar equipaje y el acompañante va tranquilo; sacrificas velocidad por comodidad”. A lomos de una Electra Glide lo importante no es ir deprisa sino el sonido del motor, la vibración, el paisaje curva tras curva… eso sí, si es necesario, estas máquinas de última generación se ponen a 120 sin problemas. Aún así prima el viaje sobre la velocidad, incluso se puede escuchar música por los altavoces de algunas motos (son impermeables, por si llueve). Aunque uno no sea motero, aunque sea de paquete, merece la pena probar a subir el puerto de Navacerrada, a un paso agradable, tumbando el bicho en las curvas (es una tumbada ligera, que excita pero no asusta). Los niños de un coche saludan y por los altavoces empieza a sonar Eye of the tiger. Sólo un consejo: si sonríe demasiado, el aire le secará las encías. Y es difícil contenerse.

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